Tumbalolla Carlos

¿De qué se trata Tumbalolla?

Tumbalolla es una propuesta que transforma algo cotidiano —el frigobar o la heladera de un alojamiento— en una experiencia gastronómica con identidad local

Este joven emprendimiento salteño tiene como misión seleccionar productos salteños de calidad, trabajan directamente con productores locales y los integran a hoteles, aparts y alojamientos temporarios mediante un sistema simple, trazable y sustentable.
«El turista no solo consume: descubre, conecta y entiende de dónde viene lo que está comiendo».

Tumbalolla propone una forma concreta de hacer turismo gastronómico desde el interior de una habitación, generando valor para el visitante, para el alojamiento y para quienes producen en el territorio.

¿Dónde y cómo nace?
Tumbalolla nace en Salta, pero sobre todo nace de una pregunta muy simple:
¿por qué el turista tiene que salir a buscar la experiencia gastronómica, cuando la experiencia puede venir a él?

Surge de años de trabajo vinculados al turismo, al desarrollo local y a los encadenamientos productivos, y de observar que muchos productores locales quedaban fuera del circuito turístico tradicional. La propuesta aparece como un puente entre el productor y el visitante, entre la identidad local y una experiencia contemporánea, cómoda y cuidada.

¿Quiénes lo conforman?
Tumbalolla es un proyecto construido de manera colectiva. Son tres socios con trayectorias diferentes, pero unidos por un profundo sentir salteño y una misma convicción sobre cómo se construye comunidad.

  • Facundo Abdenur es sommelier, especialista en vinos de altura, con experiencia en distribución y logística, y un conocimiento muy sólido del entramado productivo local.
  • Emanuel Martínez es comunicador social con una trayectoria en comunicación institucional y digital, y tiene una mirada estratégica sobre cómo contar la propuesta y cómo vincularla con nuevos públicos.
  • Carlos Stengurt es especialista en turismo y hace años se dedica al desarrollo local y articulación de cadenas de valor.

«Creemos que nuestras diferencias no nos separan, sino que nos fortalecen. Desde ahí entendemos que se construye comunidad: escuchando, articulando y animándonos a generar alianzas reales. Tumbalolla nace y se sostiene desde esa lógica», afirman desde la empresa.

¿Qué objetivos tienen?
Sostienen que sus objetivos son muy claros.

Por un lado, mejorar la experiencia del turista, ofreciéndole algo auténtico, simple y memorable.

Por otro, generar oportunidades reales para productores locales, integrándolos a un canal de venta estable y visible. Y que todo esto se integre en un proceso de mejora de la competitividad del servicio de alojamientos.

Al mismo tiempo, buscan consolidar un modelo de negocio robusto, rentable y escalable, con un enfoque de triple impacto: económico, social y ambiental. Quieren demostrar que es posible hacer negocio sin perder identidad ni sentido.

¿Alguna anécdota del proceso de conformación de Tumbalolla?
«Para nuestra primera presentación nos dimos cuenta de que no alcanzaba con explicar la idea: había que probarla en vivo. Así que hicimos algo tan simple como simbólico: llevamos una heladera con rueditas y montamos el sistema en tiempo real, con turistas reales.

Queríamos ver qué pasaba sin maquillaje: si abrían la heladera, si preguntaban, si se interesaban, si compraban.
En ese proceso también apareció otra pregunta: hasta dónde podíamos animar la experiencia sin exagerar, cómo pasar del enfoque técnico a la acción.

En un momento Carlos usó una nariz de payaso. No para hacer un show, sino para romper el hielo y cambiar el registro. Fue una forma de decir que la propuesta es seria, pero no solemne.

Y funcionó. La gente se rió, participó, preguntó, y ahí entendimos que Tumbalolla no es solo un sistema logístico: también es una experiencia viva, posible, cercana y compartida».

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