Por Diego Comba
La mentira más grande de esta casta de dirigentes libertarios es que supuestamente su modelo de gobierno se basa en el respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo, lo que no dicen es que ese respeto no existe, porque no respetan a nadie que no tenga un proyecto de vida que comulgue con el suyo y porque el prójimo para ellos tampoco existe como tal, porque el otro, el diferente, en identidad, orientación, nacionalidad, ideología, estatus, color, estudios, fe, no es un prójimo, es un enemigo, y hay que deshumanizarlo, rebajarlo, violentarlo, humillarlo, y de las peores formas posibles, para que los suyos sean quienes los defiendan cuando los relatos se desmoronan ante la realidad que golpea, esos suyos que en la mayoría de los casos son más parecidos a los otros que odian, pero fueron acertadamente adoctrinados para que se sientan parte de una supuesta élite que en realidad los desprecia.
Hoy, a través del aparato de propaganda libertario, que cuenta con recursos del aparato estatal y de los servicios de inteligencia (cuyos gastos volvieron a ser secretos gracias al oscurantismo del modelo libertario) y de un puñado de «influencers», toca el turno de poner al frente de la sociedad a nuevos enemigos: los extranjeros (siguiendo el modelo de sus socios ideológicos de Europa y EEUU) y las infancias (aprovechando el golpe de efecto que produce la indignación mediática del asesinato de Jeremías Monzón en Santa Fe y por el cual hay 3 detenidos, dos de ellos menores de 14 años).
Y como ni les importa el prójimo, ni mucho menos sus proyectos de vida, apelan al sensacionalismo y a mentira, tan de moda en estos tiempos turbulentos, para capitalizar cualquier dejo de ira, bronca, odio o recelo de la sociedad, porque para sostenerse en el poder y seguir usando a su amor las mieles del Estado (ese que odian cuando están afuera y que lo quieren para sí cuando toman el control) necesitan alimentar a su público revolviendo lo más miserable de sus sentimientos, y ahí es donde trabajan mejor principalmente el racismo y la xenofobia, columnas vertebrales del proyecto de baja de la imputabilidad y de atacar a los migrantes.
Así las cosas y mientras la patagonia se quema y el norte se inunda, entre otros males que aquejan a la Argentina, muchos causados por las políticas implementadas por Javier Milei, sus socios y fundamentalmente sus mandantes; y mientras Milei se la pasa de festival en festival sin ver la realidad, o viéndola y sin que le importe, los suyos, esbirros de la comunicación digital, eligieron un nuevo enemigo, los extranjeros, y con uno de sus tantos peones que gustan de inmolarse sin que importe si lo que dice es verdad o mentira, Iñaki Gutierrez, más conocido como La Pepona.
En estos días, a través de un video que tuvo bastante repercusión, revoleó que el 70% de los que viven en las villas son extranjeros indocumentados, lo que podría ser un problema de fácil resolución, solo hace falta tener voluntad política de resolverlo, pero a continuación de esa afirmación supuestamente estadística y con algún rigor, dijo que que “hay que echarlos inmediatamente” y una sucesión de conceptos que refuerzan la necesidad de echar gente del país.
El dato dado por Iñaki es mentira. Según datos relevados por el sitio Chequeado, “la única estimación oficial indica que la proporción de migrantes en villas y asentamientos es cercana al 10,1%. Los datos disponibles tampoco muestran a una gran cantidad de indocumentados”. Y agregan que “la Ciudad de Buenos Aires es el distrito con mayor proporción de extranjeros del país. Allí, los extranjeros en barrios populares llegan al 34,4% del total, la mitad de la cifra mencionada por el influencer libertario”.
Pero eso ya no importa, porque, como dijimos, no es la verdad lo que importa, porque lo que querían es instalar un enemigo, y lo lograron, porque en una porción de la sociedad habita un profundo sentido de xenofobia y racismo, y la chispa enciende fácil: muchos extranjeros indocumentados (ilegales) viven en villas, o sea son pobres, y eso supone para esta gente que además cobran subsidios, le quitan el trabajo a algún argentino, además se educan gratis y tienen salud gratis, y obvio, la extranjerización del problema hace que tengan la certeza de que todo funciona mal por culpa de ese montón de extranjeros que hay que atender.
Y ese sentimiento de rencor que se genera es acentúa en las clases populares que votan y avalan a este modelo de gobierno, haciendo que un pobre crea que otro pobre, pero extranjero, tiene la culpa de que en los hospitales no haya salud, en las escuelas no haya lugar y el país esté al borde del colapso.
No importa la verdad, importa el resentimiento con el que inoculan a la población, porque de esa carroña se alimentan. Y los extranjeros son siempre un tema recurrente con el que desviar la mirada de las cosas importantes: las estafas, coimas, sobreprecios, desempleo, crisis económica, desaparición del oro del país, narcoescándalo vinculados a dirigentes libertarios, etc.
Y mientras tanto, como siempre tienen un enemigo para poner al frente y con qué dominar la discusión política, y alimentándose de carroña, aprovecharon un asesinato para volver a usar otro de sus temas preferidos, bajar la edad de imputabilidad, para que a partir de los 13 años (hoy la edad de imputabilidad es de 16 años), para sustituir la mirada socioeducativa.
Y claro, si no tienen una mirada empática del prójimo, mucho menos van a respetar su proyecto de vida, porque además es más fácil bajar la edad de imputabilidad que sentarse a pensar y ejecutar políticas públicas tendientes a garantizar una mejor vida para las infancias (si, dije infancias, porque esta gente se irrita más con un término que con un fundamento, porque eso también es fácil).
Vivimos en una sociedad marcada por el individualismo, el éxito económico como modelo de ejemplar de vida, la inmediatez, el postureo, la frustración, deudas, mala calidad de vida, escasas oportunidades de desarrollo real, la ludopatía, las drogas y las criptofinanzas como salida fácil a las crisis, el trabajo precarizado por las plataformas, el trabajo tradicional que no alcanza, y la política libertaria está más ocupada fomentando ese modelo de moda, que viendo la forma de resolver los problema para que de verdad se respete el proyecto de vida del prójimo y que sea el Estado el que aporte las condiciones para que ese proyecto se desarrolle.
Eso, el respeto pero de verdad al proyecto de vida del prójimo, ese otro que es diferente en todo sentido pero no es enemigo, es un ser humano y ya, se logra con un Estado que garantice más y mejor educación, más y mejor salud, más y mejores oportunidades, más y más derechos para garantizar la libertad de verdad, no esa que quieren secuestrarnos en su propio beneficio.
“Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”


