Estamos-perdiendo

Editorial: Estamos perdiendo

Por Diego Comba

Las elecciones del domingo pasaron, los resultados parciales ya son conocidos, estimo, por la mayoría, los definitivos estarán en unos días y, si no hay demasiado conflicto, no distarán mucho de los parciales, pero más allá de lo que cada espacio celebre o no los resultados obtenidos, todos perdimos o estamos perdiendo.

Estamos perdiendo porque seguimos teniendo un altísimo nivel de ausentismo a las urnas.

Estamos perdiendo porque naturalizamos la violencia que emerge, se avala y fomenta desde los gobiernos.

Estamos perdiendo porque además se avala la violencia institucional.

Estamos perdiendo porque nos parece sano o correcto que cualquier persona sin un mínimo de formación pueda ocupar cargos públicos, porque su sola condición de famoso, o conocido, alcanza, si, alcanza, pero solo para desprestigiar a la política y reducir el debate a un show más parecido a una pelea de charlatanes de feria que a honorables algo.

Estamos perdiendo porque las campañas se volvieron una puja de fuerzas midiendo más capacidad de extorsión, apriete y censuras que debates y fiestas democráticas de encuentros entre candidatos y sus posibles electores.

Estamos perdiendo, porque parece que cada vez queda menos gente con empatía, escrúpulos o respeto entre los que toman decisiones; decisiones están más pensadas en el impacto o viralidad mediática o de redes sociales, que en pensar políticas públicas reales con impacto en la sociedad, una sociedad cada vez enfocada en el éxito individual que en la salida colectiva, porque lograron que el sálvese quien pueda sea bandera y dogma, una sociedad llevada al extremo del sufrimiento cristiano, rota por el aumento de consumo de drogas y alcohol, buscando en la timba la salida para salvarse, incapaz de mirar al otro como un otro, sino como un enemigo, ni siquiera como un adversario.

Estamos perdiendo porque los datos se manipulan o se esconden.

Estamos perdiendo porque la mentira, el engaño y la manipulación se apoderaron de la conversación y deliberadamente escondieron los debates de ideas, porque le dieron más importancia a la acumulación de poder y cargos a cualquier precio (y lo de precio es literal y también metafórico).

Estamos perdiendo porque lejos de mejorar los mecanismos de participación ciudadana, para elegir y ser elegidos (hace poco dejé algunas ideas por aquí: https://www.youtube.com/live/KyVyamsZqm8?si=_03f-7D2azYbPuQm), se están restringiendo cada vez más esos espacios, poniéndolos a disposición de oportunistas de toda calaña, bastardeando la política a un espectáculo de circo berreta con actores de segunda, o de tercera y sin siquiera un mínimo de preparación.

Estamos perdiendo porque en vez de discutir cómo mejoramos la participación, la democracia y las instituciones, reducen el debate al gasto de las elecciones, debate digno de mercaderes que minimizan a la democracia a un número más en una planilla.

Estamos perdiendo porque nos enfrentan a tener que explicar que no hay ciudadanos de primera y de segunda, porque nos mercantilizan la discusión al cuánto tienes, cuánto vales y a la degradación del otro por su pensamiento o condición social, política, económica o posición ideológica.

Estamos perdiendo porque seguimos siendo funcionales a un sistema en el que (números más, números menos) el 2% de la población concentra el 50% de la riqueza, y el otro 50% está mal repartida entre el 98% restante, con una inmensa mayoría apenas sobrevive, y otro tanto se cree parte de aquel 2%, o al menos aspira ser, y entonces vive frustrada porque sabe que es imposible pero no lo asume porque cree que la culpa es del 98% al que pertenece, y no del sistema que lo oprime.

Estamos perdiendo porque en las elecciones no ganó una lista, partido o candidato, porque ganó un 66% ausente, sin compromiso ni interés por expresarse, delegando en una minoría las decisiones, porque hay una evidente falta de conciencia cívica y social, de la importancia del rol que cada uno como ciudadano tiene, porque está ganando la apatía.

Si, estamos perdiendo, y no hablo de elecciones, sino de humanidad.

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