Covid

El mundo observa el posible rebrote de Covid-19

A modo de repaso: a principios de año, un virus proveniente de China arrasó con la salud, la economía y, en una palabra, la normalidad del planeta. Hubo quienes consideraron que se trataba de una “simple gripecita”, como el presidente brasileño Jair Bolsonaro, y hubo quienes, desde el primer momento, supieron que se enfrentaban a un problema realmente difícil de resolver.

En ausencia de medicamentos y vacunas efectivas, las medidas más importantes para controlar la infección fueron la prevención a través del distanciamiento social –lo que incluyó estrictas medidas cuarentena y el uso de tapabocas por parte de la población– y la mitigación, es decir, el testeo y aislamiento de los casos positivos y de sus contactos estrechos. La tarea fue titánica, tanto para los gobiernos como para los ciudadanos de a pie: unos y otros necesitaron adaptar un conjunto de hábitos y prácticas a un esquema cuyo éxito, a fin de cuentas, nadie podía asegurar y que tendría, además, un fortísimo impacto en sus economías.

Pasada la primera mitad del año, muchos países concluyeron con éxito las medidas de prevención y mitigación. Algunos ejemplos: China, Corea del Sur, España, Italia, Alemania y Nueva Zelanda. Otros, todavía en pleno proceso de reapertura, creyeron ver la luz al final del túnel. El problema es que, una vez controlado el brote original y reabiertas las persianas del contacto social para una esperada vuelta a la normalidad, reportes internacionales advierten sobre nuevos brotes en algunas partes del mundo. Este fenómeno, que algunos llaman “segunda oleada”, eventualmente podría ser tan grande como el primero, o incluso mayor.

Tal es el caso de Singapur, país que fue considerado modelo de éxito en el control de la pandemia. Después de haberla controlado y haber reabierto las persianas de su economía, se produjo un rebrote severo que obligó a las autoridades a tomar enérgicas medidas de contención. Algo similar ocurrió en los estados de Texas, Florida y California, que vieron un resurgir del número de casos y hospitalizaciones cuando se empezaron a relajar las medidas de contención.

De hecho, según un estudio del Imperial College de Londres, no parece haber alternativa: una vez levantadas las medidas de aislamiento, una segunda ola en octubre (cuando los días comienzan a ser más fríos en el hemisferio norte) es inevitable. Además, los investigadores advierten que, cuanto mayores hayan sido las medidas de distanciamiento social, mayor puede ser el impacto de esta segunda oleada, pues habrá más gente que no estuvo expuesta al virus.

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