David Wojnarowicz fin

Reseña: En la sombra del sueño americano. Diarios (1971-1991), David Wojnarowicz

David Wojnarowicz (E.E.U.U. 1954 – 1992) fue un artista, fotógrafo, escritor y activista por los derechos de personas con SIDA. Nacido en Nueva Jersey, creció con su madre en Nueva York, donde asistió brevemente a la High School of Performing Arts. Su actividad comenzó a finales de la década y continuó prolíficamente a lo largo de los años ochenta. En los años setenta realizó la serie de fotografías Arthur Rimbaud en Nueva York, en la que Wojnarowicz retrata a sus amigos de la ciudad enmascarados con el rostro del poeta francés, en sus actividades diarias. Murió de complicaciones relacionadas con el SIDA en 1992, a la edad de 37 años.

“No me interesa tanto hacer literatura como tratar de poner en palabras la presión de todo lo que vi y experimenté en mi vida. Escribir y reescribir hasta lograr una estructura literaria, una estructura cerrada, hace que la vida que hay en una experiencia se desangre…” (1991: 289)

“En la sombra del sueño americano” es una selección realizada por Amy Scholder de los diarios escritos por Wojnarowicz entre 1971 cuando tenía 17 años y 1991 casi un año antes de su muerte debido a complicaciones derivadas del VIH diagnosticado en 1988. En la edición se incluyen reproducciones de fotos, dibujos, postales, cartas, etc. que se encontraban en sus cuadernos. Scholder comenta en la “Introducción” que el libro representa tan solo un 10 o 15% de los treintaiún diarios que el artista escribió y que siguió como criterio para su selección una serie de temas que considera representativos.

Como dice Fernando Rivas en el “Prólogo”, Wojnarowicz “Fue artista visual, poeta, escritor, músico, fotógrafo, realizador de películas en Súper 8. Concibió́ obras y proyectos en colaboración con otros artistas como Mike Bidlo, Luis Frangella, Julie Hair, Peter Hujar, Marion Scemama y Kiki Smith.” En sus diarios encontraremos influencias como la de Burroughs, Genet, la no wave y el postpunk. Además se comprometió en la lucha por la información y los derechos relacionados con los homosexuales y las personas con Sida a través de su participación en el colectivo “Act-up”.

Escribir un diario
El diario se inicia con las entradas de 1971 registrando la experiencia a los 17 años en el programa de expediciones. Un adolescente que se sorprende más con la naturaleza que con sus propios compañeros. Frente a la dinámica de uno y el otro, de la solidaridad que pretenden reforzar las actividades, David está ansioso por poder encontrarse solo en una isla. Cuando llega este momento, se descompone, está temeroso de alguien que le pueda hacer daño y, sobre todo, toma la decisión de volver a la ciudad asociada tanto a la seguridad como a la libertad, pero también a sus márgenes:

“Estoy ansioso por volver a la ciudad, donde los edificios fríos y grises me reconfortan el ánimo y las luces me hacen sentir seguro.” (33)

Me muero por ver de nuevo a los vagabundos. A los proxenetas, a las prostitutas, a los putos.” (44)

A pesar de ser el diario de un artista, el lector no encontrará un dibujo ni lineal ni fragmentario de una vida construida en este sentido. En general, los diarios a diferencia de las autobiografías captan mejor las contradicciones, los pasos en falso, los desvíos en la construcción de la figura de artista. Sin embargo, explícitamente no es lo que predomina en esta selección, aunque obviamente es un tema que está presente, pero no como un camino que va de los primeros pasos y proyectos, pasando por las primeras publicaciones u obras hasta cierta consagración. El centro está más en la experiencia de vida de un artista que en la representación de esta figura social en términos tradicionales.

En este sentido sorprende un poco que los años de mayor trabajo y reconocimiento (1980 a 1987), según comenta Scholder, justamente tengan unas pocas entradas. Esto también nos puede dar una idea de la clase o del concepto de arte, así como del significado que la escritura de un diario podía tener para Wojnarowicz. Se trata de la exploración de las vivencias y la puesta en escritura para dotar de sentido la propia experiencia, una forma de conocerse a sí mismo:

“Llevar alguna forma de diario es importante tanto para practicar la escritura como para ordenas los pensamientos con tranquilidad. Uno crece muchísimo al escribir. (…) Al escribirlo uno va definiendo lo que siente. De entrada, las cosas nos impactan a casi todos a nivel emocional y aunque registrar eso es importante, mejor es tratar de ir definiendo esas sensaciones, porque así es como aprendemos el modo en que funciona nuestra perspectiva…” (97)

En este conocerse a sí mismo, encontrar la propia singularidad, también son importantes la memoria, las proyecciones y los sucesivos desdoblamientos:

“Me veo a mí mismo mirándome a mí mismo sentado junto a una ventana abierta.” (63)

“Si pasara de 23 a 80 años en el simple trayecto que va de la ventana a la cama, ¿qué vidas guardaría en mi corazón? ¿Qué respuestas a las preguntas acerca del movimiento y la soledad?” (65)

Este recurso se acentúa cuando conoce su diagnóstico de VIH y ya resulta difícil proyectar su futuro después de la muerte de Peter Hujar, su amigo y amante:

“Siento como si esto le estuviese pasando a una persona llamada David, pero no a mí. Le está ocurriendo a esa persona que es exactamente igual a mí (…) Así que sigo adelante y ocasionalmente esa persona llamada David llora y hace planes ante la posibilidad de morir o de partir o ante un nuevo chequeo médico o ante el combo de drogas ilegales que quizás podrían ofrecerle más tiempo, y entonces, ahí sí, vuelvo a recuperar el cuerpo y ese otro David desaparece por un rato y yo sigo con mi vida diaria haciendo lo que hago normalmente (…) A veces me siento mal por ese otro David y no puedo creer que se esté muriendo.” (264)

Desplazamientos: Los márgenes sociales
La idea del desplazamiento continuo y del encuentro está presente a lo largo de todo el diario: el viaje haciendo autostop y a Francia, pero principalmente el deambular por los márgenes de la ciudad durante la noche. Estas calles también son el espacio en el que un Wojnarowicz con 14 años comienza a prostituirse. Estos sucesivos encuentros se ven impedidos o restringidos una vez que el artista sabe que tiene Sida, por lo menos en cuanto a las relaciones sexuales.

La gran parte de las entradas narran sucesivos encuentros sexuales en la zona del puerto. Wojnarowicz nos relata no solo sobre los hombres con quienes “hace el amor”, las sensaciones y proyecciones acerca de estas personas y posibles vínculos, sino que nos introduce en una zona. Se trata de los márgenes de la ciudad y además, de las personas (homosexuales, travestis y adictos) que dicha ciudad expulsa hacia la noche y a estos lugares frente al río Hudson. Es en la narración de estas escenas, donde el artista trabaja a partir de una serie de imágenes para dar cuenta de esta experiencia: el sexo furtivo, lo que las luces de los autos dejan entrever al pasar, los gritos, los olores y el peligro latente.

Frente a este margen en los diarios aparecen contrapuestos otros sujetos, otra parte de la sociedad:

“Era un tipo rubio y muy atractivo pero parecía el típico hetero de la zona residencial de Long Island, por donde andan zumbando todo el día muchos abogados salidos de sus enormes casas con columnas y niños corriendo por calles tranquilas e iluminada, ajenos a cualquier cosa remotamente parecida al casco urbano de Nueva York.” (53/54)

“Ahí vive gente rica: tienen unas vistas de las que el resto no podemos disfrutar. Las noticias son y seguirán siendo buenas para ellos. Están contentos de tener sus ejércitos repartidos por medio mundo y orgullosos del trabajo que están haciendo. Orgullosos de sí mismos por el modo en que fabricaron su punto de vista, sus vidas, sus vecinos y a nosotros debajo de ellos. No saben casi nada de nuestras vidas, no escuchan nuestros gritos, nuestros aullidos, nuestra hambre, nuestra asfixia.” (1991: 297)

Otro espacio que aparece asociado al margen y a la New Wave es el Night Club “Danceteria” en el cual trabaja durante un tiempo en los ’80 como asistente de la barra, pero también limpiando la basura y los baños.

El arte
Wojnarowicz en su diario menciona una escena mínima, casi sin conexión con lo que venía narrando: “Un hombre desde un balcón está sacando fotografías Kodak del atardecer usando flash, ¿qué será lo que espera iluminar?” (1989: 283)

Esta escena bien puede servir como contrapunto a la propia perspectiva del artista y a las imágenes con las que trabaja. Si hay algo que tenga importancia captar y comunicar es lo que se encuentra en la sombra, en los márgenes de la ciudad.

En 1976, Wojnarowicz con 21 años atraviesa el Medio Oeste haciendo autostop con un amigo. De esta experiencia se intercalan pequeñas historias sobre las personas que los transportan o que estas cuentan. De este viaje surgen los “Monólogos” que planea mandárselos acompañados de fotos a Ferlinghetti y City Lights para una posible publicación. Como dice Wojnarowicz, en estos hay una progresión en la que los personajes (adictos, prostitutas, taxi boys, camioneros, vagabundos, etc.) se van revelando a través de la conversación y que “contienen pinceladas de filosofía urbana, informes sobre la vida callejera y en la carretera, preocupaciones de los jóvenes que viven al margen de la sociedad.” (1978: 95/96). El objetivo de esta experiencia artística es que los lectores puedan transformar su propia conciencia y experiencia a partir de confrontarlo e incomodarlo. Se trata de encontrar otras imágenes, que en general no entran dentro del concepto clásico de lo bello. Esto se evidencia en el diálogo que tiene con uno de sus amantes que le dice luego de que Wojnarowicz les mostrara sus dibujos: “tienes talento, ¿por qué no lo usas para dibujar cosas bellas?” (171).

Entre 1979 y 1980 trabajó con la serie de fotos “Arthur Rimbaud in New York” en la que amigos utilizan como máscara una reproducción de la cara del poeta y se muestran en los márgenes de la ciudad, fumando, con un arma, inyectándose heroína, etc.

El VIH
En 1987, el fotógrafo Peter Hujar, su amigo y amante, una especie de hermano y padre como dice el propio Wojnarowicz muere por complicaciones vinculadas al VIH. Ese mismo año también recibe su diagnóstico su amigo Tom Rauffenbart y el mismo David en 1988.

Las entradas de estos años como es de esperar están marcadas por la posibilidad concreta de la muerte, el vacío y la soledad en la que va perdiendo conexión con sus amistades, así como por la preocupación por contagiar a otro que emerge en varios de los sueños que se narran.

También aparece el cuestionamiento sobre el tratamiento de los enfermos en los medios de comunicación y desde el estado, sobre todo, en la demonización de los que lo padecen y el no vincular el sida con la muerte.

En la última entrada de su diario, Wojnarowicz escribe:

“A veces odio a la gente. Estoy harto de sentirme como una puta fotocopia borrosa de lo que fui. Mi yo del año anterior desapareció, está completamente perdido en el pasado, flotando como un jirón de tela al viento. Estoy vacío, soy una copia de mis rasgos.” (1991: 324)

En la sombra del sueño americano. Diarios (1971-1991),
David Wojnarowicz
Traducción de Julio Pérez Manzanares y Cristian De Nápoli
Caja Negra Editora: 2021
328 págs.

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