Liliana Villanueva

Reseña: Otoño alemán, de Liliana Villanueva

Liliana Villanueva nació en Buenos Aires; entre 1986 y 1996 vivió en Alemania y más tarde cuatro años en Moscú, donde fue corresponsal de prensa. Egresada de la UBA, trabajó como arquitecta en el estudio Brandt & Böttcher de Berlín y fue docente en la Universidad de Darmstadt, donde se doctoró en arquitectura en 2008. Publicó “Las clases de Hebe Uhart” (Blatt & Ríos 2015), “Sombras rusas” (Blatt & Ríos 2017), “Lloverá siempre. Las vidas de María Esther Gilio” (Criatura, 2018), “Maestros de la escritura” (Godot, 2018) y “Otoño alemán” (Blatt & Ríos, 2019). Por sus crónicas de viajes recibió los premios Mikel Essery (País Vasco, 2012) y en dos ocasiones el Premio Osvaldo Soriano (La Plata, 2013 y 2016). “Las clases de Hebe Uhart” recibió el Premio del Lector de la Fundación el libro de Buenos Aires en 2015 y “Lloverá siempre”, el Premio Casa de las Américas de Cuba en 2017. Actualmente vive entre Buenos Aires y Berlín.

“Fue Le Corbusier el que dijo que la arquitectura es el juego de los volúmenes bajo la luz. Los arquitectos diseñamos volúmenes que arrojan sombra y en los planos la sombra sirve para destacar los volúmenes, lo que está delante de lo que queda atrás, sin ese juego de contrastes todas las líneas de las vistas serian iguales entre sí.” (210)

“…dibujar líneas que arman espacios, pensar con el lápiz, desde adentro, (…) es una sensación de poder, convertir el vacío en espacio, el espacio en lugar, el lugar en un pedazo de ciudad.” (243)

“Otoño alemán” es un libro compuesto por tres partes – tres crónicas se suele decir- que guardan como eje un mismo sujeto autobiográfico, un mismo espacio y cierta continuidad temporal. Sin embargo, el texto parece problematizar a partir del juego entre lo próximo y lo distante esta unidad, esta identidad fija: se trata de un libro de memorias donde el recuerdo, el tiempo y el espacio se entrelazan para dar cuenta del devenir. En este sentido, cierta nostalgia cruza todo el libro, cierta idea de pérdida no solo de un tiempo, sino un espacio que se modifica y al que cada vez que se regresa expone su costado de ajenidad. Berlín parece ser un símbolo no solo de los cambios históricos a nivel mundial, sino también en términos personales de la protagonista, Liliana Villanueva, quien centró sus recuerdos en el periodo que va desde octubre 1989 – cuando llega a la ciudad para trabajar en un importante estudio de arquitectura- hasta a principios del 91.

Funcionando como marco, el tiempo de enunciación marca un tiempo posterior (2019) desde el cual se escribe o reescribe y, sobre todo, se recuerda. En este sentido, el texto parece tener varias capas y en ciertos momentos expone sus costuras, como resultado de quien trabaja a partir de un archivo, en este caso personal: fotos, notas, croquis, recuerdos, etc.

Como en muchas memorias, “Otoño alemán”, se organiza a partir de una escena inicial: el recorrido a pie que realiza Liliana por una de las zonas más caras de Berlín hasta llegar a su nuevo trabajo en el estudio. Esta escena construye una ciudad ordenada, prolija, reluciente, limpia, numerada, etc. Todo el trabajo de adjetivación, de imágenes y de metáforas arma esta idea de ciudad maqueta: una ciudad casi vacía a esas horas de caminata. También introduce la mirada de quien escribe y de quien empieza a interiorizar algunas normas y, sobre todo, un idioma como se reflexiona en varias ocasiones entre ellas esta en la cual le preguntan si quedan indios en Argentina:

“¿Cómo explicar en alemán que la mayor parte de los argentinos –entre los que estaban mis tres abuelos españoles y un abuelo calabrés – “descienden” de los barcos? En alemán la palabra descender responde al verbo de movimiento absteigen que no se usa para la ascendencia genética. “descender de” en alemán es abstammen, de Stamm, que significa tronco y también linaje, estirpe, clan o tribu y hace pensar en un árbol genealógico.” (206)

Este comienzo es importante porque esta zona de ciudad contrastará con otras imágenes. En primer lugar, con otros barrios de Berlín, pero, sobre todo, con la otra cara de la ciudad: la de Berlín del Este que se introduce en varios viajes que realiza la protagonista. Se trata de una sociedad militarizada, sin abastecimiento, burocrática y sin libertades, marcada por la clausura que impide viajar a sus ciudadanos hasta jubilarse, pero también es una especie de viaje por “el túnel del tiempo”: la ropa, los autos, los edificios parecen de los años 50´ y todo esto hace sentir a la protagonista que se encuentra en una película en blanco y negro. En segundo lugar, este espacio ideal por el cual camina al inicio se modificará a partir de la “Caída del muro” por las multitudes que vienen del Este, por los denominados “Ossis viendo y tocando todo:

“Intento ver con los ojos de la gente del Este esta desmesurada, desmedida, exagerada, exorbitante exhibición de riqueza. Me parece que la gente mira los objeto no con la alegría de lo nuevo sino con la sensación de que hasta ahora los han privado de todo esto.” (129)

Es en la narración del día de la “caída del muro” donde la narradora adopta un ritmo y una posición ante los hechos propios de una cronista: primero desde la distancia sacando fotos, luego ya inmersa en la multitud, caminando, viajando en subte, recorriendo la ciudad, escuchando y observando este espacio que se modifica junto con la de la vida de los berlineses. Camina, mira y escucha, pero también es partícipe en los hechos.

La segunda parte se centrará más en el trabajo en el estudio de arquitectura, pero siempre en vinculación con la nueva realidad, con una nueva espacialidad que se produce de a poco: se trata de la visita a Hellersdorf, una ciudad “fantasmal y distópica” del Este para el proyecto de un concurso en el cual trabajará imaginando, primero en el papel, en los trazos del plano esa nueva ciudad, como a partir de la escritura va recordando, imaginando y dibujando su vida en Berlín:

“Tuve la suerte de conocer el tiempo cuando se pensaba sobre el papel, cuando se diseñaba a mano y hasta los planos de los anteproyectos llegaba a la obra en copias de originales hechos a mano. La mano acompañaba el pensamiento y los espacios crecía sobre el plano de una manera casi física cuando dibujar todavía era in oficio.” (173)

También el libro se arma a partir de microhistorias de personas que viven en ambos estados, de turistas que llegan a visitar Berlín después de la “caída del muro”, de amigos de amigos o parientes a los que debe hospedar y funcionar como una especie de guía turística. Personajes entrañables algunos, así como lo resultan también los dos arquitectos para los cuales trabaja y cuyos diálogos introducen en gran medida el humor.

“Otoño alemán”, es un libro extraordinario por su escritura, la reflexión sobre la realidad, la conceptualización sobre lo que implican dos idiomas distintos, en el armado de microhistorias que constituyen un espacio y un tiempo con un tono de nostalgia, pero también en el trazado final, circular de la vida de la protagonista con sus sucesivos regresos a Berlín.

Otoño alemán, Liliana Villanueva
Editorial Blatt & Ríos
2020: 312 páginas.

 

 

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