Orcos

Peligro: Orcos

Por Diego Comba

Demoré en escribir estas líneas tanto como demoré en digerir la gravedad de lo que plantean

El mensaje no fue subliminal, fue abiertamente racista, fascista y por ende peligroso, provino de un expresidente constitucional aliado de un presidente elector de forma democrática y a través del voto popular. Lo peligroso del mensaje es el llamado al enfrentamiento de la sociedad, del pueblo contra el pueblo, en un tiempo en que se exacerbaron los odios, el rencor, el resentimiento en un clima de triunfalismo y revanchismo.

Contexto: En una entrevista concedida a poco de conocerse que Javier Milei ganó la segunda vuelta electoral y se convirtió en quien será el próximo presidente constitucional argentino a partir del 10 de diciembre, Mauricio Macri dijo textualmente que “los jóvenes no se van a quedar en casa si estos señores empiezan a tirar toneladas de piedras, van a ir a defender su oportunidad. Entonces ellos, los orcos como los llamo, van a tener que medir muy bien cuando quieran salir a la calle a hacer desmanes”.

Eso por un lado es un llamado a un enfrentamiento entre quienes van a salir a las calles a defender derechos que el próximo gobierno les va a quitar, contra los jóvenes que defenderán ese gobierno con esas medidas, y los pone a éstos en una posición supremacista por sobre aquellos a los que Macri es incapaz de verlos como personas, porque los cataloga como humanoides, ni siquiera como humanos de segunda categoría, nada, porque para Macri, racista y clasista, no son ni humanos.

Dice el diccionario que el supremacismo es una “ideología que defiende la preeminencia de un sector social sobre el resto, generalmente por razones de raza, sexo, origen o nacionalidad”, eso representa Milei, un dirigente (convertido en presidente electo cuando estas líneas fueron escritas) que se presentó en sociedad como alguien que encabeza un grupo que son estética y moralmente superiores.

Claramente es lo mismo que representa Macri incapaz de ver en el otro, a una persona, aunque no coincida con él, aunque lo critique, aunque proteste sobre las medidas de su nuevo socio político, aunque más que socio parece ser su empleado por cómo se van dando algunos acontecimientos en la previa de la asunción de Milei como presidente de la Nación.

Quizás no entiendan muy bien que aunque no les guste mucho ahora tienen que gobernar para el 100% de las PERSONAS que viven en Argentina, no para el 55% que los votó, pero ojo, el 55% que los votó no es el 55% de la población, es el porcentaje de votos válidos emitidos que fueron 26.410.119 (según el escrutinio provisorio), del otro lado hay gente que no vota porque es menor de edad o mayor, que no votó estando habilitada para hacerlo (9.010.165), los que votaron en blanco (417.515), los votos que por diferentes motivos fueron nulos, recurridos o impugnados (438.681 nulos y 14.446 recurridos o impugnados), los que se inclinaron por el otro candidato (11.516.142) y los extranjeros que no votan porque no están nacionalizados o naturalizados. Todo eso es un combo de 46.044.703 personas, entre orcos y argentinos de bien, según las expresiones tanto de Macri como las de Milei, y para todos deben gobernar.

En su primer discurso el mismo día de las elecciones de segunda vuelta, Milei eligió hablarle únicamente a los que lo eligieron, e invitó a sumarse sólo a los que creen en su política, y nunca en toda la campaña le bajó el tono a su aire de superioridad moral y estética. Su socio (o jefe) revalidó eso llamando a sus jóvenes a frenar a los humanoides si salen a las calles, los llamó a enfrentarse a sus iguales, porque aunque les pese, ellos, los orcos, nosotros, los que critiquemos y protestemos porque no nos guste lo que haga, somos sus iguales, no son superiores estéticamente a nadie, sólo tienen ese sentimiento de supremacismo, esa negación absoluta al otro y esa falta de empatía por comprender que si hay protestas es porque hay necesidades que se demandan y el camino es el diálogo para intentar resolverlas, no la violencia, ni del Estado ni mucho menos de otro sector de la sociedad. Y si hay críticas son eso, se las toma o se las deja, punto, no se las reprime.

No hay justificativo, no vale el yo lo hago porque los otros lo hicieron o lo vienen haciendo, nunca es el momento de responder con violencia, por el contrario, viendo el extremo de la polarización de la sociedad, la dirigencia política toda, y más ellos que tendrán la responsabilidad de gobernar, son los que tienen que ser garantes de la paz, del diálogo permanente, pero no es el estilo de la derecha, porque en esencia son incapaces de dialogar con alguien que desprecian.

Demoré en escribir estas líneas tanto como demoré en digerir la gravedad de lo que plantean, desde su supuesta superioridad y desde lo ideológico y económico estoy convencido que se viene un gobierno para pocos donde no están contados ni la totalidad de sus votantes, porque muchos de ellos van a quedar afuera, porque para esos líderes también son orcos, humanoides, a los que convencieron para votarlos pero a los que nunca reconocerán como personas. Ojalá me equivoque.

“No hay política sin afecto” dijo Chantal Mouffe y estamos ante de un conjunto de dirigentes que carecen de afecto para empatizar y comprender al otro, porque para ellos no hay otro como tal, hay un orco, hay un enemigo al que hay que exterminar. Son los que vienen a eliminar dos valores de la democracia como son la igualdad y la soberanía popular y a cambiarlos por un egoísta sálvese quien pueda.

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