William Trevor (1928-2016) fue artífice de una sólida obra literaria en la que se alternaron la novela y el relato de forma natural. Creció y se educó en la Irlanda rural antes de ingresar en el Trinity College, en Dublín. Trabajó como escultor hasta 1960 y más tarde se convirtió en un excepcional novelista y, según la opinión general, es el mejor escritor de relatos en lengua inglesa. Recibió numerosos galardones, entre ellos el Premio Whitbread por El viaje de Felicia y el prestigioso Premio David Cohen de la Literatura Británica en reconocimiento a toda su obra. Además de este volumen de relatos, Salamandra ha publicado en castellano dos novelas, “La historia de Lucy Gault” y “Verano y amor”.
Andrés Hax seleccionó y tradujo estos doce cuentos de William Trevor. Como se dice en el prólogo, los textos sin publicar en español, sobre todo sus cuentos, son innumerables. Del autor se ha dicho con frecuencia y esta selección lo deja en evidencia, que se inscribe en la línea del gran maestro del relato Anton Chèjov: las historias tienen como protagonistas a personajes “comunes” en situaciones cotidianas, en las cuales emerge la sensación o conciencia “sobre lo inapelable que es la vida y, por tanto, lo tenaces que han de ser nuestras representaciones de ella” como dice Richard Ford acerca de Chèjov. Esto se evidencia en la contraposición entre el pasado y el presente que en aglunos cuentos trae aparejada la melancolía y un sentimiento de pérdida o degradación.
Estos cuentos no tienen una estructura tradicional y, en este sentido, más que llegar a una resolución las historias simplemente terminan. Por otra parte, en cada uno hay líneas narrativas de las cuales el lector llega a saber muy poco.
A lo largo del libro hay ciertas constantes. La primera es la forma en que se construye la interacción entre los personajes: siempre hay uno -o varios- que deja en evidencia lo que otro no puede o no quiere saber sobre sí mismo. En este mecanismo es fundamental la presencia de un narrador que va alternando su focalización entre los personajes, rotando el eje desde donde se “mira”. Por ejemplo, en «El día del General» la relación entre el General y su empleada. El primero sale a realizar un largo recorrido en busca de una aventura, de la posibilidad de conocer a una mujer o conversar con alguien, de la felicidad. Esta búsqueda fracasa ante el rechazo o fastidio de las personas con las que se va cruzando. En el segundo relato, «Romance de oficina», la secretaria y su jefa establecen una vínculo en forma de espejo: ambas mantienen una relación con un compañero o jefe que se encuentra casado. Se trata de dos extremos: la primera es una joven que ha llegado a Londres, la gran ciudad, y mantiene según la mirada de su jefa una relación sin saber que el hombre es un mujeriego. La jefa es vista por su secretaria como alguien que ha dejado pasar toda su vida por el amor de su jefe que está casado. Ambas saben lo que cada una no quiere o no puede saber acerca de sí mismas:
“Ángeles sintió piedad por Miss Ivygale y Miss Ivygale sintió piedad por Ángeles, pero ninguna de las dos se lo dijo a la otra.” (77)
A su vez, en «Las esposas del afinador de pianos», la segunda mujer intenta no sólo modificar el entorno construido por la primera, sino que inventa y modifica la visión de la realidad que esta le había narrado a su marido ya que este es ciego.
Si hay un conflicto definido, se trata de esta relación entre lo que uno desconoce acerca de cómo es visto por los demás y un otro que sabe y completa esa mirada. Pero también esto termina siendo constitutivo para el que sabe. Podría pensarse que en estos cuentos, los personajes que saben «más» se asocian a la función que en otros escritores sería parte de la mirada del narrador en tercera persona omnisciente. En los últimos cuentos, este proceso de conocimiento se interioriza y forma parte de los recuerdos que emergen en la conciencia misma de los personajes y no de un otro.
Otra constante se relaciona con los cambios espaciales de los protagonistas: desde la ciudad hacia lo rural, desde Inglaterra a Irlanda o el regreso a un lugar relacionado con la infancia o lo conyugal, por ejemplo, Italia en «Después de la lluvia» o «Haciendo trampa jugando a la canasta».
Por último, también se encuentra presente la relación entre católicos y protestantes, así como alusiones a casos de pederastia por parte de curas en «De los habitos».
“Cuentos selectos” es una amplia selección de algunos textos fundamentales para que el lector conozca a este gran escritor irlandés.
Cuentos selectos, William Trevor
Selección, traducción y prólogo de Andrés Hax
@edhasa_libros_con_historia
2020: 320 páginas