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Es hora de que conozcas Cachi

Sorprende ver la cantidad de salteños que no han ido nunca al bellísimo pueblo de los Valles Calchaquíes. Si sos uno de ellos, te aconsejamos que estés listo para pasar unos días allí apenas se habilite el turismo interno. Acá te contamos qué conocer en un fin de semana.

En tiempos normales, Cachi suele estar lleno de turistas: cientos de porteños, cordobeses, rosarinos, franceses, italianos y alemanes caminan tranquilos por sus calles, admiran su arquitectura colonial y se dejan llevar por el cansino aire del pueblo más lindo de los Valles Calchaquíes. Los salteños capitalinos, en cambio, brillan por su ausencia. Y esto tiene su explicación: son muchísimos los habitantes de nuestra ciudad que no conocen Cachi, o que han ido alguna vez hace varios años y nunca volvieron.

Los salteños de la capital solemos elegir Cafayate para una escapada de fin de semana, y tenemos nuestras razones para eso, principalmente fundadas en la calidad y la diversidad de los servicios para el visitante que ofrecen los cafayateños.

Sin embargo, Cachi tiene una magia única. Seguramente nosotros no nos sorprenderemos con las comidas típicas que tanto seducen a los turistas, pero sí disfrutaremos de una cerveza helada artesanal o un buen tinto de altura en alguno de los restorancitos que rodean la plaza central, y aplaudiremos la calidad y la calidez de la oferta hotelera, ampliada en los últimos años.

El pueblo con la primera luz del día. Al fondo, las nueve cumbres del gigantesco Nevado de Cachi, que alcanza los 6380 metros de altura.

El centro y Adentro

El corazón de Cachi parece detenido en el tiempo, 100 o 200 años atrás. Porque las pocas manzanas que conforman su casco histórico se conservan intactas, con sus viejas casonas blanqueadas a la cal, sus rejas de aspecto colonial, sus calles angostas tapizadas de piedras y varias esquinas sin ochava. Allí está su capilla, San José de Cachi, construida a comienzos del siglo XVIII por la familia Aramburu, propietarios de la Hacienda de Cachi, finca que dio origen al pueblo y fue expropiada en 1949. La capilla tiene en su fachada una espadaña con tres campanas, que data de 1947, cuando se le devolvió el aspecto primigenio que le había quitado una remodelación neoclásica de 1890. Junto a ella está el museo arqueológico Pío Pablo Díaz, donde están recopilados cientos de piezas encontradas en los muchísimos sitios precolombinos que existen en los alrededores, como El Tero, Las Pailas y Puerta La Paya, que se pueden recorrer para observar algunos restos que muestran el alto grado de sofisticación que alcanzaron los diferentes grupos diaguitas.

Los pequeñas parcelas de cultivo de Cachi Adentro.

Saliendo del pueblo, hacia el Oeste, con los 6380 metros del Nevado de Cachi como telón de fondo, el camino se interna por el valle de Cachi Adentro, increíblemente verde, emparchado por pequeñas parcelas en las que se cultivan, muchas veces sin más herramientas que una mula y un viejo arado, porotos, tomates, alfalfa, quínoa y pimientos rojos, entre otras verduras, hortalizas y legumbres. Los pimientos son los más llamativos, sobre todo luego de la cosecha, en abril y mayo, cuando se los pone a secar al sol.

Al final del valle, a 16 kilómetros del pueblo, está el paraje El Algarrobal, donde el río Cachi corre como un auténtico curso de montaña, incluso en plena sequía invernal. Allí hay parrillas y mesas para pasar un día familiar inolvidable al aire libre, y los más aventureros pueden caminar hasta el pie del Nevado, ya que aquí nace una de las vías para ascender a alguna de sus nueve cumbres.

Barricas de roble francés en la bodega Miraluna.

Nuevos terroirs

Además de los cultivos tradicionales, en Cachi Adentro han surgido algunas bodegas boutique, como Isasmendi, El Molino, Puna, Miraluna y Adentro, cuna de vinos de altura que están ganando un gran prestigio mundial. Miraluna tiene sus viñedos a 2600 metros sobre el nivel del mar, y entre ellos unas cabañas de adobe que son poco menos que fantásticas. Son el lugar ideal para perderse varios días, sumergirse en los aromas de un untuoso merlot y olvidarse de todo.

Fuente: secretosdesalta.com.ar

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