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El 65% de los adultos teme el contagio de sus hijos si regresan a clases

Unicef Argentina publicó un informe de resultados sobre la segunda encuesta realizada en hogares argentinos en 2020, con datos recogidos durante julio mediante encuestas telefónicas.

Lo que se puede objetar de esta metodología es la exclusión, consecuencia del contexto, de amplias zonas del NOA y NEA donde la telefonía domiciliaria y de celular es escasa. No obstante, los datos de la encuesta tienen valor para medir el efecto que causó la pandemia en familias de zonas urbanas.

Los resultados son amplios, pero los datos más destacados están relacionados con la educación, violencia de género e impacto de la pandemia en los ingresos familiares y de ahí una proyección preocupante de la pobreza infantil.

El 65% de los adultos manifiesta temor a que los chicos se contagien cuando vuelvan a las escuelas. Cerca de un 10% de estudiantes manifestó que quizás no regresen cuando abran las escuelas, lo que representa cerca de un millón de chicos sin escolaridad.

En el país es un debate constante el regreso de los chicos a las aulas, pero existe un gran temor social en este sentido, además el 95% de los hogares con niños, niñas y adolescentes que asisten a la educación obligatoria tuvo continuidad pedagógica durante todo el período de aislamiento, con una valoración positiva del 85% del trabajo escolar.

Otro dato interesante es que 6 de cada 10 estudiantes recibió con alta frecuencia el intercambio con los docentes, pero un 13% tuvo baja o nula intensidad en las actividades escolares. Esta situación está fuertemente atravesada por los recursos tecnológicos que tienen los hogares, el sector de gestión y la vulnerabilidad social.

La segunda ronda de la Encuesta Rápida observa que casi la mitad de los hogares con niños/as de hasta 6 años manifiestan que han sufrido alteraciones con las comidas, 46% alteraciones del sueño y finalmente, el 16% de los niños/as presentan problemas de comunicación.

Adolescentes
Los datos obtenidos para medir situaciones de angustia, depresión, o miedo crecieron en proporción a lo detectado en abril. En total, 36% de las y los adolescentes entrevistados presenta algún sentimiento negativo: asustado/a (24,7%), angustiado/a (26,8%) y deprimido/a (11,2%). Más de la mitad habla de estos temas con sus madres.

El 73% de los adolescentes está más tiempo frente a las pantallas desde que comenzó la cuarentena. En esta oportunidad la encuesta relevó además situaciones de exposición a discriminación o maltrato, cyberbullying, situaciones de violencia o pornografía. Si bien se indagó la frecuencia es importante rescatar aquí las proporciones y cantidades de adolescentes que manifiestan haber estado expuesto a estas situaciones: el 17%.

Violencia contra las mujeres
Constituye una situación preocupante que se agrava en contextos de aislamiento social como el actual.  En El Influencer se publicó un informe del observatorio «Ahora que si nos ven» sobre la dramática situación por femicidios.

Unicef aclara que los datos de violencia contra las mujeres obtenidos en una encuesta telefónica “deben tomarse con cautela” con relación a otras técnicas más sensibles a la problemática. Advierte que los casos de violencia relevados en esta Encuesta enfrentan desafíos ligados al sub-reporte, en particular en casos donde quién agrede convive en el mismo hogar y se encuentra presente al momento de realizar la Encuesta.

En el caso de violencia intrafamiliar contra niñas, niños y adolescentes el desafío es aún mayor. La violencia como forma de crianza se encuentra muchas veces naturalizada y la encuesta telefónica consulta directamente a las y los adultos que pueden ser quienes ejercen estas prácticas.

No obstante hay un dato que preocupa, un 0,4% (21.800) mujeres declara haber sufrido agresión física, cuando en abril en la Primera Encuesta, este porcentaje era de 0,13%(7.000).

Ingresos familiares
En este nuevo relevamiento llevado a cabo en julio se observó que el 45% de los hogares declaró que sus ingresos laborales se redujeron comparados con su situación previa a la pandemia. Es decir, más allá de la apertura de actividades, del relajamiento de la cuarentena en parte del país y de la implementación del programa de asistencia al trabajo y a la producción (ATP), hay 2,6 millones de hogares que tienen sus ingresos laborales reducidos.

Los hogares más afectados son los ubicados en la región del NEA, donde dicha proporción alcanza al 54%. Además, la pérdida de ingresos en los hogares se incrementa a 54% en villas y asentamientos; 55% en los destinatarios de la AUH y a 48% entre hogares con cinco o más miembros.

La caída en los ingresos implica restricciones en el consumo y a la imposibilidad de hacer frente a los gastos, que recae en la toma de deuda como sucedió en el 25% de los hogares. El  15% de los hogares se ha endeudado con comercios comprando alimentos al fiado y se agrega un 10% adicional cuando se trata de hogares en villas o asentamientos.

El 57% de los hogares con menores de 18 años reciben algún tipo de transferencias. En particular, el 47% de los hogares encuestados afirmaron haber accedido al Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), 31% al bono extraordinario por la AUH, 5% recibió el bono de jubilados y 36% accedió a la Tarjeta Alimentar u otros mecanismos de apoyo alimentario.

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