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Entrevista a Gabriela Saidon

Gabriela Saidon nació en Capital Federal. Es licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Hizo cursos de teoría literaria en la «Universidad de las Catacumbas» (grupos de estudio que se realizaban durante la dictadura militar por fuera de la Universidad) con Josefina Ludmer, de lingüística con Beatriz Lavandera, y talleres literarios con Abelardo Castillo y Juan Martini. Ha publicado La montonera. Biografía de Norma Arrostito (2005, 2011), Qué pasó con todos nosotros (novela, 2007), Santos ruteros (2011) y Memorias de una chica normal (tirando a rockera) (2013), entre otras. Su última novela, La Reina. El gran sueño de Manuel Belgrano (2020) fue nominada como finalista en la Semana Negra de Gijon por el premio Espartaco a la mejor novela histórica.

Leí en una nota que de chiquita querías ser detective o escritora, y te decidiste por esta última actividad porque tu mamá no quiso comprarte el kit de la Agente 99. Leo tus libros (Santos Ruteros, La Montonera o La Reina) y hay un trabajo de investigación minucioso que soporta o es el punto de inicio de tu escritura. ¿Qué puntos de contacto encontrás entre el trabajo de la escritora y el del detective?
Tanto el trabajo del escritor como el del periodista son bastante detectivescos en general. Tiene que ver con querer saber la verdad de las cosas, pero al mismo tiempo darte cuenta de que no hay una verdad, y sin embargo, seguir insistiendo. Es como una especie de curiosidad malsana por los hechos para saber qué hay detrás.

Una de las personalidades más enigmáticas de los `70 (para mí) es Norma Arrostito. Hay un epígrafe que usás en la biografía que escribiste sobre ella que es de Horacio y dice: “Construí un monumento más perenne que el bronce”. ¿Cómo relacionás esa frase con su enigmática figura histórica y militante en el marco de una historia y una militancia dominada por hombres?
Ahí hay un juego con la frase del poeta Horacio. Norma fue uno de los “bronces” de Montoneros (así eran llamados los integrantes que habían participado del secuestro de Aramburu), ella fue la única mujer que llegó a un puesto alto en la organización guerrillera urbana. La idea era mostrar qué había pasado con ese bronce en particular a través del tiempo, cómo se construye un monumento. Ella fue ninguneada en la organización luego de la muerte de Fernando Abal Medina, su marido y líder de Montoneros en sus orígenes. En ese momento ella queda como “la viuda” (así se la llamaba), una figura mítica, por un lado, y en lo concreto empieza a descender peldaños en la organización. También es sexualizada su figura en muchos lugares, por ser la viuda y por haber llegado a ser una de las líderes de Montoneros, y eso apunta a quitarle a su figura la impronta de mujer política, que es lo que fue.

¿Qué pensás de Firmenich en relación a Norma Arrostito?
Él es uno de los que contribuyó a sexualizar la figura de Norma, y uno de los que la quitan de la cúpula de Montoneros. Asume el rol de la construcción y desde ahí es cuando se militariza más la organización y aparece esa cosa misógina.

¿Cómo surgió la idea de La reina, (novela escrita maravillosamente y que aborda el llamado Plan del Inca de Manuel Belgrano que consistía en establecer una monarquía constitucional y coronar a un inca como rey? ¿Cómo armaste la novela?
Mi escritura está atravesada por dos obsesiones: los `70 y el siglo XIX, en el momento de establecimiento de los estados nacionales. En este último contexto se desarrolla la novela y aborda el Plan del Inca de Belgrano, idea que no prosperó y contó con la oposición de la mayoría de los dirigentes porteños (tuvo el apoyo de San Martín, Güemes y otras figuras de la zona andina). A mí me fascinaba esa idea de que él propusiera una monarquía y con un descendiente de Tupac Amarú en el poder, cuando finalmente jamás se instaló una en América Latina. En la ficción ucrónica que yo imagino se me ocurrió doblar la apuesta, no un rey, sino una reina adolescente al estilo de María Antonieta. Para hacerla me fui a Perú gracias a una beca del Ministerio de Cultura de la Nación para hacer una investigación profunda.

Hay una frase en el texto que lo conecta con David Viñas (que dijo que la literatura argentina comenzó con una violación) y con Gabriela Cabezón Cámara (que en una entrevista que le hicimos dijo que Viñas se había quedad corto, ya que la que se funda a partir de una violación es Latinoamérica entera). La frase dice: “acá en América todos venimos de una violación”. ¿Qué pensás acerca de esto?
En mi caso sí estaba funcionando lo que decís de Gabriela Cabezón, estaba El Matadero de Echeverría, Viñas también. Pero básicamente esa frase textual me la dijo un historiador grosso Peruano, Renato Amado, que se involucró muchísimo en la investigación. Esa frase es el corazón de lo que quería decir, así se funda no solamente nuestra literatura sino nuestra civilización, como si fuera parte de una tradición siniestra.

¿Cómo entendés la relación entre el discurso histórico y el literario?
La historia también es literatura, el discurso histórico tiene mucho de literario y ficcional. No dejan de ser lecturas que se hacen desde diferentes realidades. Eso lo hablaba con una historiadora correntina, Gabriela Quiñones. Ella decía cómo los escritores podemos llenar los huecos que el historiador no puede llenar a través de la imaginación. Esas libertades nos dan más posibilidades, de ir un poquito más allá de lo que pasó.

¿Cómo fue esa experiencia de estudiar con Josefina Ludmer en “la universidad de las catacumbas”?
Ella fue mi gran maestra. Yo venía de una Facultad de Letras que estaba muy censurada y se digitaba qué se podía enseñar y qué no, cuáles libros se podían leer y cuáles no. Esa experiencia con Josefina me abrió la cabeza, y hoy soy quién soy gracias a ella.

Podes escuchar la entrevista completa aquí:

Por Lucas Bertone para Alegre Distopía, un programa de música, literatura y artes varias que imprime una mirada irónica y humorística a estos tiempos distópicos. Escuchalos todos los jueves de 14 a 16 horas por Radio Nacional Salta – AM690 o FM 102.7

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