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La pandemia y los Derechos Humanos

Sin dudas que la actual pandemia del COVID-19 que enfrenta el mundo, ha puesto en jaque a todos los Estados y desnudó a los gobiernos que menor capacidad de respuesta e inversión en salud tuvieron, al igual que en lo económico, y esto tiene que ver con cómo llegó cada país a enfrentar la pandemia. Difícilmente se pueda hacer un análisis del hoy sin analizar cómo se llegó al día de hoy, un posición ahistórica nos llevaría a una grave conclusión errónea.

Así como los derechos humanos son interdependientes, es decir están vinculados entre ellos y son indivisibles, no pueden separarse o fragmentarse unos de otros. Todos los derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales y culturales deben comprenderse como un conjunto. Lo anterior, implica que el goce y ejercicio de un derecho está vinculado a que se garantice el resto de derechos; por ende la violación de un derecho pone también en riesgo el ejercicio de los demás.

A su vez, el principio de no regresividad y de progresividad de los Derechos Humanos implica el gradual progreso de todos los derechos para lograr su pleno cumplimiento, es decir, se requiere la toma de medidas a corto, mediano y largo plazo, pero procediendo lo más expedita y eficazmente posible. La no regresividad es la prohibición de retrocesos o marchas atrás injustificadas a los niveles de cumplimiento ya alcanzados.

Es decir, así por un lado la pandemia exige de esfuerzos inconmesurables para soportar las pérdidas económicas que genera el aislamiento priorizando la vida de las personas, por otro lado desnuda ‘la poca espalda’ que tuvieron diferentes estados para soportar ese aislamiento sin regresividad de derechos.

Si bien preveer una pandemia puede resultar una difícil tarea, un estado presente debe invertir siempre en Salud, Ciencia y Tecnología, para evitar sorpresas ante casos imprevistos, reducir el ministerio de Salud y de Ciencia y Tecnología de la Nación a una simple secretaria en el año 2018 es un buen ejemplo de lo que no hay que hacer, sobre todo teniendo en cuenta que el presupuesto nacional ronda entre el 70% y 80% del total del presupuesto de provincias como Salta.

También es verdad que la actividad económica mundial ya venía, de por sí, afectada por las guerras comerciales. No en vano, el Producto Bruto Interno global creció 2,3% en 2019, la cifra más baja en una década, según Naciones Unidas. En el mismo informe de Naciones Unidas, publicado en enero de 2020, se estimaba para este año un moderado crecimiento económico mundial del 2,5%, pero todo cambió con la pandemia, ahora, el más optimista le apunta a una contracción del -4,9%.

Los gobiernos de los países con mejores economías como la de Europa central anotaron una caída interanual del 14,7% durante el segundo trimestre del año y Estados Unidos lo hizo en 31,7%. Curiosamente sólo China se salvó de caer en recesión. Ni que hablar de los países en vía de desarrollo, sin dudas los peores afectados, y dentro de ello los jóvenes y las mujeres.

Los países que llegaron con un estado fuerte y presente para enfrentar la pandemia tuvieron mucha mejor respuesta que los estados que llegaron débiles y diezmados, por ello muchos consideran que la mejor respuesta es del Estado Benefactor para una crisis así, es el estado que deja de concebirse como gendarme y exclusivo protector de los derechos individuales para convertirse en garante de los derechos sociales y colectivos. Surge la imperiosa necesidad política de atender las demandas de los nuevos sectores sociales constituidos en actores en la escena política, es un modelo que se caracteriza por la intervención del estado en prestaciones sociales, dirección económica y distribución del producto nacional cuidando la economía local y regional.

En definitiva, el resultado de las crisis no suelen ser el efecto final de las últimas medidas específicas utilizadas para paliarlas, más allá del acierto o no de éstas, sino más bien de las anteriores, sus predecesoras; en Argentina la inversión del Estado Nacional de los últimos años realizada en Salud, Ciencia y Tecnología y Economía, tuvieron una fuerte regresividad y hoy vemos sus consecuencias.

Es tiempo de gobiernos de unidad, coalición, con representatividad múltiple, con acuerdos programáticos, que intente sumar más esfuerzos de todo lo que se requiere realizar, conscientes que la fecha cierta de saber cuándo existirá la vacuna efectiva que acabe con la pandemia aun no existe.

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