Llegando-a-casa

Cusco: Un sueño hecho viaje (segunda parte)

El Regreso siempre es parte del viaje!!!!

Como siempre dije, en la Ruta y en Moto nunca se sabe, el Fiscal se puso «ansiosito» por volver y se tiro a cruzar autos hasta que lo perdimos de vista. Transitamos todo el camino hasta Sicuani, donde está el cruce a Arequipa, sin saber que los días sábados y domingos son días de feria en Perú, por lo que los pueblos se tornan mas intransitables de lo de costumbre, mas caóticos de autos, minions, etc. y gente de todos lados que va a vender y comprar de todo.

De Cusco a Sicuani

Llegamos a Sicuani, creyendo que el Fiscal nos esperaría en el «Grifo» (estación de servicios), pegado al cruce; lo esperamos como una hora, nos tomamos unos mates, el Coty limpio sus lentes de contacto, chequeo el clima en el celu y nada. Así que sin pensar decidimos encarar para Arequipa, sin tener ni la mas mínima idea de lo que era el trayecto de 350 km que nos separaba.

El trayecto estuvo cargado de emociones, primero porque, al igual que en todo Perú, los camiones bajan en el aire y se pasan en todas las curvas, y los autos no respetan la doble línea amarilla por lo que te los encontrás de frente en medio de la curva, así que fueron dos camiones y tres autos los que me pasaron rozando la rodilla. Desde ahí todas las curvas hasta Salta fueron por la línea blanca de la derecha.

Apenas, doblamos en el cruce comenzamos a subir, un camino de montaña hermoso, lleno de curvas (camiones, autos y la pmqlp), lagunas de altura, pueblitos a lo lejos y abajo, en cuanto nos dimos cuenta transitábamos una cordillera mas alta que la que unía Argentina-Chile.

Todo hermoso, hasta que nos percatamos que no habíamos cargado nafta abajo, y que en los pueblitos que cruzábamos no había grifo….y que a 5000 mts. de altura nos quedaban dos puntos de nafta.

Nos metimos a un caserío, no llegaba a pueblo a preguntar por nafta, y nos dijeron que en el almacén vendían, salió una señora con una lechera y un embudo, cargo de un tanque extraño y nos vendió un galón (tres litros) cada uno….la nafta tenía 84 octanos, menos que la nafta común de antes; no pusimos mas porque pensamos que ya llegábamos a un pueblo con grifo para poner algo de mas calidad… juaaaaaaaaa.

Seguimos andando… subiendo y nada… la mas absoluta soledad; transitamos el trayecto mas inhóspito con la luz de la reserva que ya no era amarilla, violeta estaba…

Se perdió el sol y la cosa se puso fría… paramos en un campamento como de vialidad a pedir que nos vendan nafta, sacamos los bidones de las alforjas y nos metimos, en eso nos empieza a tocar un silbato un hombre de la otra punta, y a los gritos nos reta como a chicos por no haber entrado por su garita… el primer reflejo que tuvimos con Coty es el de mandarlo a cagar… pero teníamos que conseguir que nos de nafta, siguió un rato la letanía y nos dijo que no podía darnos nafta… a esa altura ni aire para putearlo nos quedaba.

Cuando llegamos a las motos de vuelta, me di cuenta que la Fabi no la estaba pasando nada bien, tenía los ojos vidrio y me cuenta que ya hacía una hora venía rezando. Para peor Analía tratando de consolarla, le dice, en el peor de los casos les decimos a los señores del campamento que nos presten un lugarcito en el galpón y dormimos ahí…. casi inunda el casco…

De Cusco a Imata

Seguimos y cuando la Fabi venía por el sexto misterio glorioso, apareció como un espejismo Imata, un pueblo a 4600 mts de altura, con Grifo que vendía nafta de 95 octanos al que llegamos con -7° de sensación térmica, y 1/4 lt de nafta en el tanque.

Nafta en la cordillera

En el Grifo estábamos tiritando del frio, con todo el abrigo que teníamos, preguntamos por un hotel y nos mandaron un kilómetro mas adelante. Llegamos a un albergue sin nombre donde las chicas preguntaron por habitación y cochera (viditas). La cochera era un patio donde tenían todo lo sobrante de una obra al lado de los baños públicos. La habitación sin calefacción pero con sabanas de polar y tantas colchas que teníamos miedo de que se nos aplaste el esternón. Abajo un comedor, donde nos sirvieron sopa de arroz con patitas (patas de gallo con uñas y espolón incluidos), carne tomatada y papas y Te de Muña y Menta de postre… a esa altura y después de la jornada, para mi estábamos en el Hyatt de Dubai… contentos de poder contarla y vestidos nos dormimos hasta el otro día.

Nuestro hotel en Imata

A la madrugada siguiente, corro las cortinas de la «suite» y nuestra respiración estaba congelada en el vidrio de la ventana; bajamos a desayunar y ya había gente desayunando sopa de patitas… matame!!!!!

El Coty en su desvelo, había logrado mensajearse con el Fiscal que había llegado a Arequipa y nos mando el dato del Hotel donde estaba.
Salimos a hacer los 120 km que nos faltaba para Arequipa, un paisaje precioso, llegando se puede ver los Volcanes que rodean la ciudad, con nieves eternas… un paisaje de cuentos.

Llegamos al hotel, su recepcionista, El Fiscal, nos salió a recibir, nos ubicamos, bañamos, (el Hyatt de Imata tenia duchas pero solo de agua caliente, muy caliente, infinitamente caliente), y salimos a recorrer Arequipa.

La ciudad es imponente, Catedrales y edificios construidos en Sillar, una piedra volcánica blanca, que hace que se conozca a Arequipa como la «Ciudad Blanca». Mucha gente amable y servicial, como en todo Perú, salvo el viejo de mierda de la cordillera.

Comimos, dormimos muy bien, y al otro día a buscar el Mar. Cruzamos las montañas que quedaban y llegamos a la costa del Pacifico Peruano.

El tránsito hasta Ilo y de allí a Arica, estuvo lleno de sorpresas, los peruanos no solos les van a ganar al desierto, también ganaron las playas. El pacífico a esa altura tiene extensas playas de arena, en donde gracias al riego por goteo desarrollaron pasturas, por lo que en todo el trayecto ves ovejas y vacas comiendo en las playas. Realmente sorprendente la actitud productiva de Perú.

En Ilo encontramos un restaurante frente a la playa donde comimos unos pescados y mariscos, y seguimos camino a Chile.

Llegados a las ventanillas de la Aduana, la señora nos pide «La Relación de Pasajero», si el papelucho que teníamos que comprar antes… felizmente había un barcito en el mismo predio que nos vendió eso, y habiéndolo llenado, nos despedimos de Perú.

En Arica terminamos en el mismo hotel de la ida, y con la Fabi sin comer nos fuimos a dormir.

Esa noche, el Fiscal, Coty y Analía, bajaron a cenar al restaurante del Hotel, y en un acto de arrojo del Fiscal los invito un Pisco, pensando que iba a ser un vacito de Pisco. Lo cierto es que cada pisco tenía casi un litro, por lo que la noche para nuestros compañeros término medio nublada y mareada.

Al otro día en el desayuno la carucha de los tres era peor que la de la mañana en Imata donde no habían podido dormir por el frío y el olor a sopa de patitas.

Hicimos los 300 y pico de kilómetros a Iquique y entramos por la costanera hermosa que tiene, donde con la Fabi decidimos quedarnos. Nos despedimos de la manada y nos fuimos a buscar un hotel.

Esa tarde paseamos por la costanera, tomamos unos mates en la playa y recordamos las vacaciones que pasamos con los chicos el verano pasado.
Al otro día salimos a la ruta emburbujados, como casi todos nuestros viajes; ese trayecto la música me toco a mí, así que los tres (Macacha incluida) bailamos clásicos como «U can´t touch this» de MC Hammer; o «Auto Rojo» de la histórica que digo histórica, Mítica banda «Vilma Palma & Vampiros» (sobre estos cabe aclarar que tocaban este finde en Cusco, por lo que siguen choreando por Latinoamérica).

Todo el trayecto desde Tocopilla a Calama es una recta interminable, muy parecida al Campo de la Paciencia que une San Pedro de Atacama con Calama; 100 km de una recta insufrible con solo desierto a los costados sin nada para ver; felizmente todo ese trayecto el viento fue de cola, por lo que fue muy placentero el camino. En Calama, comimos algo y a dormir que al otro día se cruzaba la cordillera para llegar a casa.

A esa Altura, los chicos ya habían llegado a Metan, sin ninguna complicación mas que una pinchadura en la rueda de la moto de Coty en el Paso de Jama.
Salimos a cruzar la cordillera muy temprano, había mucho, que digo mucho, muchísimo viento que felizmente fue de cola toda la cordillera, lo que estaba bueno en las rectas, peros las curvas había que pelearle. La nieve seguía ahí, el frio también pero, así como esta bueno irse, esta bueno volver. Llegamos a Jujuy, comimos un lomito y a las 6 de la tarde estábamos llegando a casa después de 4800 km, con los ojos llenos de paisajes y el corazón explotando de emoción por el hermoso viaje vivido.

Como todos los viajes y mas en moto, te dejan muchísimas enseñanzas, entre muchas mas:

  • Es hermoso viajar en moto, sea solo, emburbujado o en manada como en este caso; el mundo sin parantes, parabrisas y techo se ve mucho mejor y mas nítido.
  • Tenemos un vicio recurrente de creer que el mundo es solo lo que tenemos a la vuelta y que lo mejor y más lindo está ahí, sin darnos cuenta que el mundo, incluso el cercano, está lleno de cosas hermosas, y hay que animarse y salir a conocerlas y vivirlas.
  • Que cuando viajas en manada, la buena onda resulta fundamental, incluso para superar contratiempos como los vividos, nunca en todo el viaje hubo un reproche y todo fue risas y disfrute; Gracias Sergio, Coty, Analía y Fabi, por hacerme vivir esta experiencia de la mejor manera… Riendo!!!!!!
  • Que la tecnología diseñada para viajar esta buena pero no es imprescindible; que herramientas como una sonrisa y preguntar con respeto también te lleva por buenas rutas.
  • Que estos viajes no terminan nunca, se reviven en cada foto, en cada charla sobre el mismo, cuando lo escribís, y seguramente los chicos, que lo vivieron desde 0 le cuenten a los suyos que sus abuelos viajaron a Cusco en moto y ellos incrédulos nos pidan que les contemos como fue.
  • Que motociclista no necesariamente se nace… también se hace; cuando empecé a salir con la Fabi, hecho el crack le pregunto si le gustaban las motos y si viajaría en moto, ni un poco y ni loca me dijo… de ahí hasta ahora lleva miles de kilómetros recorridos, millones de experiencias vividas, y un temple para recorrer km en moto que mucho encuerado de tacha y cadena, ni se animaría a pensar… Gracias Negri por siempre acompañarme!
  • Que cada kilómetro recorrido te enriquece, que cada viaje te cambia la perspectiva, que uno siempre puede aprender y aprehender cosas nuevas.

«Se te ve igual pero estas distinto», me dijo un viejo amigo apenas termino la aventura… así es …como la Vida Misma!!!!!

Hasta próximos viajes y Buenas Rutas!!!

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