Soja

El retroceso de la soja en Salta y el NOA

A 12 años de la épica lucha del campo argentino en contra de las retenciones móviles a la soja, maíz y trigo que fue originada por la famosa resolución 125 y que luego fuera rechazada por aquel histórico voto “no positivo” de Julio Cobos, mucha agua ha pasado bajo el puente.

En aquellos años la oleaginosa llegó a cotizar unos 600 dólares la tonelada y la provincia de Salta alcanzó a sembrar casi 700.000 hectáreas. El resto de las provincias del NOA y NEA también tuvieron record en superficie destinada al comodity. Además, las expectativas que despertó la soja por su precio, demanda y rentabilidad, consolidó los grandes pooles de siembra a nivel nacional y se apuraron las nuevas habilitaciones de campos para destinarlos a este cultivo.

La realidad de hoy es completamente diferente. La soja tiene un precio apenas por encima de los 300 dólares. La demanda es sostenida pero no se incrementa. Hay otros actores que también ofrecen este poroto al mundo. Brasil creció sistemáticamente en superficie e incluso en cantidad de soja por hectárea año; teniendo en cuenta que por bendiciones climáticas en algunas zonas del país carioca se pueden lograr hasta 2 cosechas cada 365 días.

En este escenario, muchas provincias argentinas y particularmente Salta sufrieron un retroceso frente a este cultivo, motorizado principalmente por la escasa rentabilidad que presenta cuando se lo analiza integralmente. Los rindes por hectáreas siempre son exiguos. Se depende mucho de la variabilidad climática y cada año hay menos precipitaciones promedio en las zonas productivas. A esto hay que sumarle que la inmensa mayoría de los productores de la región, a raíz de la escala que tienen, abonan el máximo porcentaje de retenciones: 33 %.

Como si esto fuera poco, el flete de más de 1.500 km hacia los puertos de Santa Fe, hacen que hoy este cultivo sea inviable.

Los dirigentes el campo en el ámbito provincial están cada día más preocupados por la reacción de sus dirigidos frente a la decisión de siembra de la próxima campaña. Es justamente ahora que el productor tiene decidir qué sembrará apenas comiencen las lluvias. Por un lado, existe el convencimiento que la soja seguirá descendiendo de las 300.000 hectáreas de la última campaña y si a esto se suma el posible incremento de algunos puntos porcentuales de retenciones, la suerte de la oleaginosa en Salta está echada.

La gran pregunta que surge es: ¿si no es soja, que sembrarán los productores? Aquí está el dilema.

Está claro que por cuestiones de escala y eficiencia, el productor salteño debe ocupar sus grandes extensiones con algún cultivo y, por su basta experiencia, podría volcarse a cualquiera de las especialidades que hoy tienen un porcentaje mayor de rentabilidad. Podría ser el poroto en sus diversas variedades y colores. La chía. El sésamo. El poroto mung tan demandado por mercados asiáticos. El maíz pisingallo o cualquier otra producción. El problema es que esos mercados son inelásticos y si se oferta más de lo se demanda, el precio baja considerablemente como ya ocurrió en otras oportunidades.

Entonces, volvemos a la misma pregunta de recién: ¿qué sembrarán los productores? Esa es la gran pregunta. Por ahora todo indica que a pesar del mal pronóstico, la soja seguirá siendo el principal cultivo extensivo de Salta, aún ante la posibilidad de perder plata. El productor busca siempre la manera de justificar su pasión por el campo haciendo lo que sabe hacer, aunque los números finalmente no sean los que ellos mismos esperan.

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